Éramos tan libertarios, casi revolucionarios, ingenuos como valientes, barbilampiños sonrientes —lo mejor de cada casa— oveja negra que pasa de seguir la tradición balando a contracorriente de la isla al continente era la nueva canción. Éramos buena gente, paletos e inteligentes, barbudos estrafalarios, obreros, chicos de barrio, progres universitarios, soñando en una canción y viviendo la utopía convencidos de que un día vendría la Revolución. Aprendiendo a compartir la vida en una sonrisa, el cielo

La Colleja se suicida. Decidida y fatalmente. A la manera estoica. Anunciándolo y entre amigos. Y aprovecha para hacerlo la llegada del mes de mayo a Córdoba. No es casualidad: la orgía mayera cordobesa sube peligrosamente los niveles de lirismo chocarrero en sangre a prácticamente toda la población hasta extremos insoportables y La Colleja ya tenía la salud mu delicá. El florido mes que comienza ya tradicionalmente con un acto de guerracivilismo por ahora incruento

Para calibrar medianamente las estrategias artilleras que últimamente emplean las vanguardias de la Cordocaspa, o sea el Ejecutivo Municipal, para alcanzar sus últimos objetivos militares, propongo un sencillo ejercicio de agudeza visual. Se trataría de a través de un amable paseo que comenzaría en la Judería, continuaría por la plaza de Filosofía y la Puerta Almodóvar hasta alcanzar los puestos de artesanía y abalorios del Paseo de la Victoria (ya sabéis, los puestos que unos

Yo, como buen poliateísta, no creo en la señales. Pero a veces he de reconocer que hago mal, porque algunas, de tiempo en tiempo, son inequívocas. Por ejemplo ésta: un Saénz de Buruaga, de los Sáenz de Buruaga de toda la vida y de larga trayectoria neofranquista en los medios desde hace unos años ironizaba ayer en su twitter sobre el plan de la Junta de Andalucía de procurar que dado el galopante avance de

El misterio del desagüe califal desaparecido
Desde hacía aproximadamente 1000 años, décadas arriba / décadas abajo, las aguas del llamado Arroyo del Moro, tras lamer los pies de toda la muralla de poniente de la ciudad de Córdoba a la que servió de foso durante siglos y pasar finalmente bajo un puente de la misma época que permitía atravesarlo y sobre el que discurría el camino califal de Medina Azahara, desembocaba limpiamente en el Guadalquivir a través de un desagüe construido


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